lunes, 22 de abril de 2013

Riqueza del territorio Argentino

Imprimir A 102 años de pisar el hielo antártico Por Adalberto Fluxá l Especial. Base Marambio. En verano el sol no descansa en la Antártida. No hay siestas, tardes, ni noches, es día todo el día. Desde hace 102 años los argentinos dan cuenta de ello y de su presencia en tierra, mar y aire del continente blanco. En un territorio donde, por el Tratado Antártico (1959), no es posible fijar fronteras, científicos, marinos, pilotos y hasta cocineros mantienen en alto la bandera izada por primera vez un día como hoy, pero de 1904. Son las 3 de la mañana y Alejandro Torielli, geólogo cordobés, está en la base Marambio, allí le cuenta a La Voz del Interior, cómo la inteligencia construye soberanía. Desde hace 24 años pasa los veranos a 3.681 kilómetros de las sierras cordobesas. Acaba de llegar para la campaña 2006 junto a Jorge Sterling experto en glaseología de la Dirección Nacional del Antártico; Marcelo Reguero, doctor en paleontología de la Universidad Nacional de La Plata y Sergio Santillán, coordinador científico del contingente integrado por otros 120 investigadores y asistentes. Al igual que el resto de los colegas, todo el año se viene preparando para este momento. Todos ellos conforman la legión más esperada en las seis bases argentinas permanentes, mantenidas durante el oscuro invierno por personal de la Fuerza Aérea, del Ejercito y la Marina. Algunos comienzan a llegar a fines de noviembre y los últimos, a principios de enero. Durante dos meses viven en carpas y, como el sol, no descansan en el verano de la Antártida. En cajones de madera cargan sus pertenencias, las hojas de estudio y el instrumental con el cual investigan los hielos, el terreno, los restos fósiles, el clima y la atmósfera de un continente de más de 14 millones de kilómetros cuadrados, casi el doble del territorio que ocupa Brasil. Sobre este punto en el mundo, Alejandro Torielli dice: “La naturaleza desparramó las hojas de un gran libro y con cada proyecto de investigación vamos tras ellas. Recorremos kilómetros contra el viento y estudiamos años a pesar de las carencias, con la idea fija de rearmarlo. Recién después de leerlas nos damos cuenta dónde encajan en ese libro”. Gracias al trabajo realizado en la zona, el geólogo y docente de Biología y Geología de la Universidad Nacional de Córdoba, logró junto a su equipo y colaboradores extranjeros, establecer el esquema del clima de los últimos 10 mil años (ver “El clima...”). Toma de posesión El Tratado Antártico suscripto inicialmente por 12 países, y del cual Argentina es la primera signataria, marcó al continente blanco como tierra dedicada a la paz, a la ciencia y a la cooperación científica internacional. El acuerdo del que participan Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Chile, Francia y Japón entre otros, estableció también el congelamiento de los reclamos de soberanía y la prohibición de marcar fronteras. Pero quienes sostiene la presencia argentina en los hielos han demostrado que soberanía es mucho más que territorio y que se conquista con inteligencia antes que con armas. “El conocimiento de una zona es el capital que hace a la soberanía. Si para ir a determinado lugar tengo que buscar asesores británicos o japoneses, entonces, no soy el dueño de ese lugar hasta que no acceda a su conocimiento. Hoy lo que determina la posesión de cada área es cuánto conocemos de ella y cuánto repercute en la comunidad internacional los conocimientos generados por nosotros, que nuestro nombre deba necesariamente ser citado”, afirma Torielli. Y sigue: “Para el efecto geopolítico, que los trabajos argentinos deban ser citados cuando se hable de Antártida tiene mucho más peso que el hecho de pasar por base Marambio cuando se llega al Polo Sur”. La otra acción de afirmación nacional lo llevan adelante con la toponimia, el colocar nombres propios a los lugares desconocidos. El espíritu explorador, las largas caminatas por las mesetas blancas y la seriedad académica permiten que hoy se sigan bautizando con nuestra palabras lugares referenciales para nuevos conocimientos. Una rosa en Marambio En la isla donde se encuentra la base Marambio no se hallaron dinosaurios gigantes, pero sí vestigios de un rico parque jurásico terrestre y marino. Allí los investigadores argentinos descubrieron desde restos fósiles de micro mamíferos extinguidos hasta comadrejas, marsupiales y ballenas de miles de años. Pero los dos tesoros más preciados que ostenta nuestro país son: el pingüino más antiguo conocido en el mundo y la única flor hasta ahora encontrada en la Antártida, nada menos que una rosa, muy parecida a la rosa mosqueta del sur de la Patagonia. Marcelo Reguero, doctor en paleontología de la Universidad Nacional de La Plata, dejó por dos meses la colección del museo de aquella ciudad y por estos días está en Marambio recogiendo evidencias de reptiles marinos de entre 70 y 75 millones de años. Ésta es su campaña número 20 y junto a colegas de Neuquén están terminando un arduo trabajo iniciado en 1993: el hallazgo, extracción, armado y estudio de uno de los más grandes y pesados reptiles: un pezosaurio de cuello largo. “Es muy agotadora la actividad paleontológica en el Polo Sur, extraemos los fósiles con temperaturas bajas, viento y nieve. Luego, para el traslado debemos hacerle toda una envoltura de yeso, colocar en cajas hasta el destino final en el Museo de Paleontología de La Plata, donde comienza el proceso de estudio y acondicionamiento”. El coordinador científico del Instituto Antártico Argentino, Sergio Santillán, explica que la rareza de una rosa en Marambio, nos trae noticias del clima y el paisaje que había hace 40 millones de años y la conexión entre los dos continentes. Aquella intensa vida desaparecida, “muy similar al del sur de la Patagonia, donde había grandes y extensos bosques”, dejó sus rastros y hoy ésta es una de las zonas sedimentarias más importante y atrayente para los científicos de todo el mundo. Desde hace 102 años a pala y pico, fuerza y estudio, los cientos de argentinos que han pasado por la Antártida han moldeado una historia inteligente. Desde quienes operan los aviones Hércules y los helicópteros que llevan y traen pasajeros, víveres y mensajes, hasta los marines que surcan los mares con el rompehielos Almirante Irizar, pasando por operarios, meteorólogos, médicos, científicos, cocineros, técnicos y familias que hacen campaña en la base Esperanza. Cada uno va dejando sus huellas en el hielo, mientras busca las piezas de un gigantesco rompecabezas escondido en el continente blanco. Crearán cuatro parques marinos para preservar la fauna del sur 06/11/10 Son todos de alta diversidad biológica. Habrá 1,2 millón de hectáreas protegidas. • • La riqueza del mar argentino La Administración de Parques Nacionales (APN) celebra hoy los 107 años del nacimiento de las áreas protegidas en nuestro país, con la creación de cuatro parques marinos, cuyos presupuestos están contemplados para 2011. Esto elevará a más de 1.180.800 hectáreas la extensión destinada a preservar parte de la inmensa riqueza del Mar Argentino. Hasta ahora sólo existían el Parque Nacional Costero Monte León, en Santa Cruz –donado por Douglas Tompkins y su esposa a través de la Fundación Vida Silvestre–, casi sin mar; y el Tierra del Fuego, que abarca un pequeño tramo de costa. Ahora se suman tres parques netamente marinos , de jurisdicción compartida entre APN y las provincias: Patagonia Austral (Chubut), Makenke e Isla Pingüino (Santa Cruz). Para principios de 2011 se espera que el Congreso apruebe la creación de Banco Burwood, el primer parque nacional oceánico. “Todos tienen alguna especie emblemática y que merece un valor de protección especial”, subraya la presidenta del Directorio de APN, Patricia Gandini. Patagonia Austral, al norte del golfo San Jorge, tiene 132.124 hectáreas, en unos 100 kilómetros de costa y 40 islas. “Es una porción de mar de altísima biodiversidad . Al norte está una de las zonas más importantes de reproducción del langostino patagónico . En una isla del sur hay un área de engorde de juveniles de merluza”, señala Gandini, bióloga especializada en ecología marina. Entre las especies endémicas están el pato vapor cabeza blanca y la gaviota de Olrog. Con 170.000 hectáreas, el parque Isla Pingüino, frente a Puerto Deseado, incluye numerosas islas, en cuyas costas se reproduce la sardina fueguina, base de la red trófica del sur del Mar Argentino. Allí nidifican 15.000 parejas de pingüino de Magallanes y 500 parejas de pingüino de penacho amarillo, la única colonia del país que está en crecimiento. Y en la isla Chata está la cormoranera más grande del país de la especie imperial. Al sur de Puerto San Julián, Makenke tiene unas 90.000 hectáreas y abunda en sardina fueguina y en merluza austral. En las paredes acantiladas de La Mina se halla la colonia más grande de cormorán gris, una especie endémica. Y al sur hay una colonia de reproducción de elefantes marinos, la única fuera de península Valdés. El valor de Banco Burwood reside en la cordillera submarina, donde se reproduce la merluza negra, de altísimo valor comercial. Es una zona de alto endemismo, con corales de aguas frías. “A partir de la creación, en ninguna de las áreas se permiten actividades extractivas industriales”, señala Gandini. El turismo también deberá ser sostenible y limpio. Con estos cuatro parques, nuestro mar estará protegido en un 1,18% y se acerca al 6% pactado en la reciente cumbre mundial sobre biodiversidad, realizada en Nagoya (Japón). Allí, Gandini recibió el premio “Leaders for a Living Planet”, entregado por World Wildlife Fund por la promoción de los parques marinos. Fuente, diario Clarín Después de una lectura comprensiva presente un informe escrito sobre las riquezas naturales del espacio Marítimo y Antártico y que acciones se están llevando adelante.

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